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Antonio 'Tony' Montana, aka Scarface, aka Cara Cortada. Así es nuestro "héroe".

Tony Montana, ese soy yo
Antonio 'Tony' Montana, aka Scarface, aka Cara Cortada
(*14/01/40, La Habana, Cuba; +11/10/83, Miami, Florida, EEUU)
El 14 de enero de 1940, en La Habana, Georgina Montana daba a luz a su primer hijo, Antonio, que llevaría el apellido materno después de que su padre les abandonara. Más tarde nacía Gina, de quien se haría cargo Tony. Sin embargo, la afición del primogénito a situarse al margen de la ley lleva a Georgina a repudiar a su hijo, y más cuando éste es condenado a cinco años de prisión junto a su inseparable amigo de perrerías Manolo 'Manny' Rivera.Es en la cárcel habanera donde su cara queda marcada para siempre por una cicatriz que le cruza la mejilla izquierda. Es en la cárcel donde Tony Montana pasa a ser Scarface, Cara Cortada.

Su salida de la cárcel coincidió con el anuncio de Fidel Castro de que quien quisiera irse de la isla, podía hacerlo libremente. Esta política respondía a una grave recesión en la economía cubana, que dejaba el país al borde del colapso. Permitir un éxodo masivo no era más que una forma de repuntar la economía. Del 15 de abril al 31 de octubre de 1980, unos 125.000 cubanos alcanzaron la costa de Florida. Muchos de aquellos emigrantes eran disidentes del régimen comunista, pero muchos otros no eran más que delincuentes de poca ralea, como el propio Tony.

Tras desembarcar en Florida, y a la espera de que les fuera concedida la "green card", la tarjeta de ciudadanía estadounidense, Tony y Manny malviven junto con miles de compatriotas en Freedom Town, un macro campo de detención improvisado por el gobierno de EEUU para acoger a aquellos inmigrantes cubanos con un pasado lo suficientemente escabroso como para no permitir su entrada en el país así como así. A los tres meses logran su ansiada ciudadanía a cambio de un "trabajito", y a partir de ahí, ya como ciudadanos libres, la escalada de violencia y el ansia de poder de Tony resultan imparables.

En poco tiempo, Tony se convierte en la mano derecha de Frank López, un poderoso traficante de cocaína. Manny sigue a su amigo allí donde va, pero es Tony el que abre el camino hacia el estrellato del crimen. Como acierta a decir este ratero cubano reconvertido en miembro de la mafia, Miami "es como un enorme coño esperando a que lo follen".

Manejan dinero, consumen la droga con la que trabajan, no dudan a la hora de disparar y el mundo se va poniendo a sus pies. "Quiero el mundo, chico, y quiero todo lo que hay en él", le confiesa Tony a su compatriota.

Fiel a su estilo, Tony va eliminando o haciendo que eliminen a los que se interponen en su camino. Como siempre, a fuerza de coraje, pocos escrúpulos y muchas tripas, limpia su trayecto a la cima, al poder. Y encima lo hace en compañía de Elvira Hancock, la que fuera mujer florero de su antiguo jefe, Frank López, al que no sólo le roba a la amante, sino que también le quita la vida. Como adoctrina Tony a Manny, "primero consigues el dinero, luego consigues el poder, y con el poder consigues a las mujeres".

Pero ya se sabe que, en los negocios, las vísceras deben dejarse en casa. Toda ascensión meteórica hacia el poder, se haga como se haga, conlleva la súbita aparición de ingentes enemigos. El éxito de Tony, que en tres años había pasado de fregar platos a dominar el emporio de la droga en Florida, empezaba a tener las horas contadas. Después de evitar la acción de la justicia por la pericia de su abogado, de matar a quien estratégicamente no debía, de hacer de la ostentación una forma de vida, y de enfrentarse a todo un Alejandro Sosa, emperador colombiano de la cocaína, acaba pasando lo que tenía que pasar. El 11 de octubre de 1983, los hombres de Sosa asaltan la mansión de Cara Cortada, arrasando con todo. Montana, lejos de amedrentarse o de huir, les planta cara él solo, tal vez motivado por las montañas de cocaína que un minuto antes se empeñaba en esnifar y por el arsenal disponible en su mansión. Al grito de "¡Vuestras balas no me hacen daño!", el inefable Montana se lanza contra sus atacantes. Su cuerpo, acribillado a balazos, termina desangrándose en la fuente en la que una estatua se yergue sobre un pedestal en el que se lee: "El mundo es tuyo".

Un final dramático para un hombre que se enfrentó al mundo para hacerlo suyo. Y lo consiguió: durante un tiempo fue el señor de un reducido mundo con el nombre de Miami gracias a la cocaína, a las armas y, sobre todo, a su creencia total en sí mismo. Al final, las balas le hacían tanto daño como a cualquiera. Lo único es que Montana nunca se quejaba, sólo ajustaba cuentas.

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