Adelanto del libro La misteriosa llama de la reina Loana.
—¿Y usted cómo se llama?
—Espere, lo tengo en la punta de la lengua.
Todo empezó así.
Era como si me hubiera despertado de un largo sueño, pero yo seguía suspendido en un gris lechoso. O a lo mejor no estaba despierto y estaba soñando. Era un sueño extraño, sin imágenes, poblado de sonidos. Como si no viera y tan sólo oyera voces que me contaban qué era lo que tenía que ver. Y me contaban que todavía no veía nada, salvo humo a lo largo de los canales, donde el paisaje se disolvía. Canales: Brujas, me dije, estaba en Brujas, ¿había estado yo alguna vez en Brujas la muerta? ¿Donde la niebla fluctúa entre las torres como el incienso con que sueña? Una ciudad gris, triste como una tumba con crisantemos, donde la bruma pende desflecada de las fachadas como un tapiz...
Mi alma limpiaba los cristales del tranvía para anegarse en la niebla móvil de las farolas, niebla, mi incontaminada hermana… Una niebla espesa, opaca, que envolvía los ruidos, y hacía surgir fantasmas sin forma... Al final llegaba a un inmenso abismo y veía una figura altísima, amortajada, en su cara la perfecta blancura de la nieve. Mi nombre es Arturo Gordon Pym.
Mascaba la niebla. Los fantasmas pasaban, me rozaban, se disolvían. Las bombillas brillaban lejanas como los fuegos fatuos de un cementerio...
Alguien camina a mi lado sin ruido, como si estuviese descalzo, camina sin tacones, sin zapatos, sin sandalias, un jirón de niebla me roza la mejilla, un tropel de borrachos aúlla, allá, en el fondo del transbordador. ¿El transbordador? No lo digo yo, son las voces.
La niebla llega con sus pequeñas patas de gato… Había una niebla que parecía que hubieran quitado el mundo.
Aun así, de vez en cuando era como si abriera los ojos y viera relámpagos. Oía voces:
—No está en coma profundo, señora… No, no piense en el electroencefalograma plano, por lo que más quiera… Tiene reactividad...
Alguien me proyectaba una luz en los ojos, pero después de la luz todo seguía oscuro.
Noto el pinchazo de un alfiler, en alguna parte.
—Lo ve, hay motilidad...
Maigret queda sumido en una bruma tan densa que ni sabe dónde pone los pies… La niebla está llena de formas humanas, y cada vez se llena más, más intensamente se agita con una vida misteriosa. ¿Maigret? Elemental, querido Watson, son diez negritos, precisamente en la niebla desaparece el sabueso de los Baskerville.

